Comencé a involucrarme en la inclusión educativa hace aproximadamente 3 años, cuando empecé a trabajar en un colegio inclusivo. Desde el primer día mi mayor reto siempre fue enseñarle a los niños y niñas que todos somos diferentes y que todos tenemos capacidades distintas para aprender. Asimismo, tuve que aprender a modificar la planificación, contenidos y estrategias de enseñanza para lograr cubrir la necesidad de cada alumno/a.

Para mí, la estrategia más importante y la que mejor me ha funcionado para lograr una mejor inclusión dentro del aula es el propio ejemplo; creo firmemente en que los niños absorben e imitan todo, por lo que, si deseo que ellos adquieran cualquier habilidad social o académica, siempre intento darles primero mi ejemplo.

Cada uno de mis alumnos y alumnas saben que todos somos distintos, que algunos aprenden más rápido y otros menos, que otros necesitan diferentes métodos para adquirir la destreza o conocimiento. Esto mismo hace que entre todos se conozcan mejor, tengan muy buena relación y se ayuden y apoyen unos a otros.

La educación debe ser entendida como un derecho de todo ser humano y no como un privilegio. Pienso que la educación inclusiva desde la temprana edad tiene grandes beneficios, uno de ellos y quizá el más importante, es la sensibilización. Si enseñamos a los niños y niñas que todos tenemos capacidades, características y necesidades distintas, en un futuro no tendremos que hablar de inclusión, pues ya no existirá tal cosa como la  “exclusión”. El cambio siempre comienza con los niños.

Para todas aquellas maestras que tienen en su aula a algún niño con capacidades distintas mi mensaje es que lo conozcan, que conozcan a cada uno de sus alumnos. El reto será grande, pero si conocemos las necesidades de cada uno será más fácil llevar las riendas de la clase y aprenderemos a guiar de mejor forma a nuestros niños; Así aprenderán que, aunque seamos distintos, todos somos humanos y todos merecemos ser tratados con igual respeto y cariño.

Andrea Flores

Pin It on Pinterest